La ola de delincuencia y ataques a turistas están perjudicando gravemente al sector turístico en Barcelona

Abríamos el año 2019 con una huelga de taxis muy lesiva que nació en Barcelona y Madrid y que conllevó al resto del gremio a sumarse a ella en prácticamente todo el mapa español. Ya sabemos que en nuestro país se estila mucho ese principio tan moral de “Primero yo, y a los demás que les den”. Pues eso es lo que decidieron hacer los taxistas (no todos, claro): atacar a los trabajadores de otras plataformas de transporte, no respetar los servicios mínimos y, lo que es peor, no respetar la libertad individual de poder llegar al trabajo a mucha gente, ya que se dedicaron a obstaculizar y cortar el paso de muchas carreteras mientras las respectivas policías observaban pausadamente como si de un desfile de modelos se tratase.

Podríamos abarcar un artículo entero a este tema, pero el objeto de este escrito no es hablar del taxi, sino denunciar el peligro al que se está sometiendo al sector turístico en Barcelona y en muchas otras partes de España. Por ello, cabe destacar el continúo ataque de algunos sectores de la población, en especial de miembros cuya ideología política es de extrema izquierda y que, gracias a que la mayoría son hijos, hijas e ‘hijes’ de familias cuyo estrato social es medio-alto, no necesitan trabajar para crearse un futuro. Su proyecto de futuro consiste en arruinar el de los demás.

Pues bien, esta gente – o gentuza- en función de si hablamos como ciudadanos o turistas, se dedica a sabotear autobuses turísticos, amenazar a los turistas con grafitis e, incluso, agredirles por las calles del centro de Barcelona ante la pasividad de los cuerpos y fuerzas de seguridad catalanas que se ven desbordados por el nivel de inseguridad que está alcanzando la capital catalana. Vamos, que con todo el tiempo disponible que tienen estos individuos lo podrían dedicar en obras benéficas o en ayudar a limpiar las calles. Una utopía si nos paramos a pensarlo.

Con ello llegamos al punto final, y es la oleada de atracos, violencia, peleas y robos al que se encuentra sometida la ciudad y los turistas que llegan a ella. Esta cifra lleva creciendo desde 2016 un 26% y sólo en la primera mitad del año 2019 han crecido un 31% las denuncias por robos en comparación con el total de 2018. Tan grave se ha convertido este problema que, muchos ciudadanos han decido crear pequeños grupos para patrullar la ciudad con el fin de reducir la ola de desorden que se ha generado en las calles. Medios de comunicación de toda Europa se han hecho eco de esta situación. Medios como France24.com, Business Miror o TheJournal.ie son sólo unos de los pocos que han denunciado esta situación. Teniendo en cuenta que nuestros tres principales mercados emisores son Reino Unido, Francia y Alemania, y que los principales turoperadores se encuentran allí, vemos que si la situación no cambia el turismo de Barcelona se verá resentido seriamente. Incluso, muchos lectores de estos periódicos hablan de no pisar Barcelona ni en broma.

¿Y qué más da el turismo? Dirán algunas de las eminencias que se dedican a perseguirlo o a pintar “Tourists go home” en las calles de Barcelona. “La situación está controlada” dirán esos políticos que van con cinco escoltas a comprar el pan y que gobiernan la ciudad con su buenismo. Pues bien, uno de ellos es su alcaldesa, Ada Colau, una gran mujer que sin tener una carrera acabada, habiendo fundado una plataforma de afectados por la hipoteca sin haber tenido nunca una y habiendo hecho el ridículo en algunos platós de televisión, pretende ser la salvadora que salve a los delincuentes y ladrones de entrar en prisión con su política tan indulgente.

Y mientras el sector turístico en Barcelona se desangra día a día, los cientos de miles de puestos de trabajo que ello genera se irán perdiendo. Tanto, que al final hasta los carteristas se quedarán sin el suyo.

El último que apague la luz.

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