Estos días hemos visto en los medios de comunicación cómo los propietarios de licencias de taxi y los asalariados del sector hacían y deshacían impunemente a su gusto. ¿Cortamos la segunda circunvalación más importante de Madrid? Venga vamos!! ¿Impedimos que miles de trabajadores y ciudadanos lleguen a sus puestos de trabajo o a sus domicilios porque nos quedamos sentados en la carretera ante la pasividad de la Policía y Guardia Civil? Venga Vamos!!

Antes de seguir con el artículo quiero dejar claro que a título personal apoyo el fondo de las reivindicaciones de los taxistas, la ley se debe cumplir, pero también deben hacerse unas cuantas preguntas ya que creo que aún no han entendido que su enemigo no es Cabify ni Uber sino la propia administración pública. Hagamos un repaso a esas cuestiones que deben hacerse los taxistas:

  • ¿Por qué un usuario prefiere coger un Cabify a subirse a mi taxi?
  • ¿Por qué se ha generado la falsa creencia de que Uber y Cabify son más baratos cuando en realidad tienen precios dinámicos que fluctúan?
  • ¿Qué puedo hacer para ganarme a ese público?
  • ¿Por qué una licencia que al salir al mercado costaba menos de 100€ ahora cuesta 150.000€?

Siendo franco, yo tengo en mi Smartphone Mytaxi, Uber y Cabify descargadas, y cuando tengo que desplazarme a un lugar lo que hago es comparar entre las tres apps ya que sé que voy a recibir buen trato en las tres y al final voy a ganar yo porque me ahorraré unos céntimos o quizá unos euros. Me es secundario que el conductor vaya trajeado, tenga coche negro y sea privado ya que como consumidor lo que me interesa es que el servicio sea bueno y eso lo tengo en las tres.

Es esa libertad del usuario a elegir lo que está en riesgo hoy en día y lo que el sector del taxi quiere limitar. Señores, como un profesor un día me dijo: no pienses en cómo limitar el crecimiento de tu competencia, haz un producto mejor para que no haya competencia. Es ahí donde tiene que pensar el sector en cómo mejorar su servicio.

Pero el problema no es solo coartar la libertad del ciudadano a ir a trabajar, a llegar a su casa o reventar los coches de la competencia, el objetivo es también cargarse la Feria de la principal industria del país, el Turismo, que supone un 15% del PIB y del que viven cientos de miles de familias en todo nuestro país. Todo con el objeto de obtener mayor relevancia y que las instituciones les hagan más caso. A pesar de todo, la culpa no es del taxista sino de la castuza política que ha dirigido nuestro país y nuestra ciudad permitiendo que se cree una burbuja dentro de las licencias del taxi y que sólo despierta si se ejerce la violencia en vez de lanzar el siguiente aviso: “Si se intenta perjudicar la feria de la principal industria del país y si se registra un solo altercado este gobierno no se reunirá con ningún representante del sector y se darán por cerradas las negociaciones”.

Es importante resaltar que no todos son violentos y la gran mayoría es gente pacífica pero no se puede permitir que haya personas dentro de su gremio que hagan este tipo de actos.

Esta vez le ha tocado a FITUR, pero siempre que hay una huelga de taxistas el gran perjudicado es nuestro sector, que impide que huéspedes de hoteles, viajeros que tienen que coger un tren, ciudadanos que acaban de aterrizar en nuestros aeropuertos puedan desplazarse en taxi. Que turistas en general, puedan desplazarse cómodamente.

¿Quién paga el billete de todos los que han perdido un avión? ¿De todas las reuniones que se han tenido que retrasar o cancelar? ¿El tiempo de todos aquellos que han llegado tarde a su trabajo? ¿A los autónomos transportistas y repartidores que han llegado tarde a sus destinos debido a cortes en M40 y accesos? Y lo más importante: ¿Quién paga la mala imagen que se llevan todos los turistas que visitan FITUR esta semana de nuestra ciudad y nuestro país?

Como conclusión, son coherentes las reivindicaciones de los taxistas en el fondo pero nunca en las formas. Hay que pensar qué estamos haciendo mal antes de intentar frenar lo que nuestro adversario está haciendo bien. Y lo más importante, el usuario final es el que tiene que tener la libertad de elegir si hoy viajará en Taxi, en Uber o Cabify y no utilizar al ciudadano como rehén privándole de sus derechos para defender los propios.

Actualización: Ayer Lunes 28 de enero de 2019 por la tarde vimos cómo se lanzaban botes de humo e incluso, una botella hacia los agentes de Policía que sitiaban el Palacio de la Comunidad de Madrid causando el revuelo y asustando a turistas y transeúntes. Una auténtica pena ver este tipo de acciones que perjudican la imagen de Madrid como Ciudad y al propio sector del taxi.

 

Author: Redacción

Los artículos son publicados por expertos en turismo, turismólogos o periodistas especializados en turismo.

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